miércoles, 17 de julio de 2019

Demencia Temporal de Klenya Morales

Buenas tardes ¿cómo están?

Me gustaron mucho sus reseñas la semana que pasó, la mía sin embargo, no va a ser de las mejores porque honestamente mi  lectura ha sido decepcionante.

Demencia Temporal lo adquirí en la Feria del Libro de David que organizó el Colegio San Agustín en mayo de este año y aunque sí lo había oído antes, no sé por qué en mi mente tenía fijo que me encontraría con poemas. 

La autora es chiricana, igual que yo, por eso quería apoyar su trabajo. Pues  bien, compré el libro pero francamente no lo terminé de leer. Voy a ser breve, porque tampoco la idea es ser pesada. Como ya dije, no era  poesía, sino historias cortas, una clasificación bastante en el limbo literario porque no especifica si lo que vamos  a encontrar son cuentos o relatos o una recopilación de novelas cortas.

No soy experta pero a lo que me refiero es que cuentos y novelas, se parecen entre sí, pero tienen elementos que las hacen diferentes. Por ejemplo, en el cuento los personajes y los escenarios se describen bastante breve, pasan rápido y uno avanza muy pronto, cobrando cada vez más interés en un final que, debe ser importante, y si se puede, sorprendente. Cuando esto no ocurre así, entonces ya no es cuento, sino novela corta, donde todo se narra más pausado. Un ejemplo de buenos cuentos es el trabajo de Edgar Allan Poe, aunque claro, sería injusto comparar a dicho autor con K. Morales.

Y por eso el primer cuento de Klenya Morales me gustó: El hombre que odiaba a las mujeres. Todo pasa en 7 páginas, la historia está narrada en tercera persona y Eva es el personaje principal. Va a lo que va y aterriza a un buen final. Su novio Gerardo, tiene un mejor amigo llamado Roberto, misógino y machista como él solo; así que ella decide darle una lección. Entonces la escritora aporta ocurrencias graciosas que hacen te identifiques como mujer, y a mi en lo personal por la jerga panameña que manejan los personajes: "Ey, ese tipo deja que la mujer lo domine" y así por el estilo porque el "Ey" lo usamos todos los panameños aunque estemos en el extranjero. Me gustó tanto esta historia que creo que hubiera valido la pena hacer de ella una novela cómica en la que se explayara con más diálogos y travesuras donde el falócrata recibiera su merecido y luego se le volteara la tortilla a Eva. Bien chévere. Pero viene la parte mala del libro.

Nido Vacío: una adulta joven que vuelve a casa de su madre que estaba feliz que se hubiera largado hacia la capital luego de haberla educado hasta el nivel superior. Ojalá se hubiera tratado más de la madre que de ella. Rescato la interesante meditación de la madre sobre cómo hacer la ensalada rusa, beber las cervezas bien frías y el piso recién trapeado.

Nikita: nos aproxima a la pobreza del país y trata de una chica de clase media lumpen proletaria, que si no fuera porque se enamora de un izquierdista, no se entera que el agua caliente quema.

El libro verde: un libro encontrado hace que de alguna manera una mujer alucine otra dimensión más poética y romántica que la vida real.

2045: no estuvo tan mal. Pero la idea principal perdió intensidad entre detalles sin importancia (se puso filtro solar, se miró en el espejo, cierra tras de sí la puerta, localiza su tarjetero bla bla bla) que en vez de adornar, distraen y desesperan.

Al otro lado del espejo: la intención era buena, la protección del bagaje cultural de los pueblos, las tradiciones, el sentido de pertenencia que nadie nos debe quitar y eso ... pero aunque la relación abuela/nieta debe aportar sensibilidad, para mí cada línea fue fría y sobrepensada.

En torno al girasol:  un grupo de amigos teniendo una conversación super aburrida sobre cómo ocurren los Deja Vuh. Este cuento/historia corta/ relato fue especialmente insoportable. 

Rush Hour: si arrancas esta hoja del libro, no mejoraría ni empeoraría el libro.

La segunda oportunidad: sobre un viaje en el tiempo para tomar decisiones distintas que cambien tu futuro amoroso pero cuando experimentas nuevamente todo, llegas a la predecible conclusión que las cosas sólo pueden ocurrir de una sola manera o por una buena razón. Hollywood no aguanta otra película más sobre el asunto. 

La historia de Danielita Trejos: empezó bien, por el nombre tan criollo creí que  recuperaría el ánimo para seguir leyendo, pero en cuanto tocó el tema de lo sobrenatural y espiritismo lo abandoné. No me gusta esta temática, brujería y similares me parecen super negativas. No sé cómo terminó porque para rematar esta historia de corta no tiene nada: 25 páginas son sus respectivos reversos. No gracias, brinqué a leer el último cuento.

Kineton: después de ver un viaje en el tiempo y lo paranormal, Klenya Morales escribe sobre el poder de la mente. Esto me supera.

Simplemente este libro no era mi estilo, se va por las ramas en los detalles y da vueltas y vueltas para un final básico. Los dos últimos cuentos no puedo darles una valoración seria porque abandoné la lectura. Me aburrí mucho y concuerdo parcialmente con la opinión de la autora en la portada trasera: "SI BUSCAS UN LIBRO QUE TE CAMBIE LA VIDA, LO SIENTO, ÉSTE NO LO SERÁ. (...) SON HISTORIAS CORTAS, SIN MORALEJAS. SOLO DIVERSIÓN."

Tengo que tomarme más en serio estas advertencias. Sólo le di dos estrellas en Good Reads, porque el primer cuento de veras lo vale. En cambio vi calificaciones de otras chicas de 3, 4 y hasta 5 estrellas. Una creyó que era una obra maestra. Ya saben ... para gustos los colores y ésta es solo mi opinión. Yo no soy de abandonar lecturas muy frecuentemente, y las pocas veces que lo hago no son para siempre, así que no descarto en un futuro lejano, volver a agarrar el libro para ver qué pasa. 

viernes, 5 de julio de 2019

Desechos y Esperanza de Andy Mulligan

Conocer a un autor nuevo siempre emociona y más aún cuando éste no te defrauda con la historia que te lo presenta. A pesar que he llegado hasta él por su segunda novela, no imagino cómo la primera podría ser mejor que ésta, pero si me equivoco, entonces aguardaré con entusiasmo.

Desechos y Esperanza cuenta la historia de tres jovencitos que se ganan la vida sacando trastos en el vertedero de una ciudad llamada Behala, en Filipinas. Estos chicos son Rafael de 14 años, Gardo -de la misma edad- y Jun Jun, alias Rata, de alrededor de 11 años. Los dos primeros  trabajan juntos, son casi que hermanos, se toman sus labores en serio porque de ello sacan lo necesario para no morir de hambre y ayudar en sus "casas" que en realidad no son tales, sino chozas que "se levantan unas sobre otras entre las montañas de basura y los cañizales de bambú. Como pequeños poblados entre montículos" Pág. 20. Y si esto te parece triste, ten en consideración que el escritor se ha inspirado en lo que vio con sus propios ojos en Manila, ciudad en la que vivió y trabajó. 

Así que básicamente toda Behala es un basurero, barrio tras barrio es lo mismo, la gente defeca en papel periódico y las tira a un lado ya que no hay sistemas de acueductos o sanitarios. Esos paquetes con sorpresa hedionda se les conoce como "stupp" y al hurgar en busca de  plástico, metal o vidrio para vender, suele tocarse y pisarse mucho stupp. Hasta que un día pasa algo interesante. Rafa y Gardo encuentran un bolso de piel que les cambiará la vida. Dentro hay dinero (que se dividen entre ambos), una billetera con una identificación de un tal José Angélico, la foto de una niña, un mapa y una llave. Puede que estén famélicos estos chicos, pero no son tontos. El bolso lo pueden vender y si lo conservan temporalmente, no hay apuro en deshacerse de su contenido. Poco después, cuando la policía llega al barrio ofreciendo recompensa por el susodicho bolso, se dan cuenta que no es el dinero lo que están desesperados por encontrar, sino lo demás. 

"<<Todo el mundo necesita una llave>>
 Con la llave adecuada puedes abrir la puerta de par en par. Porque una cosa es segura: nadie va a abrirla para tí." Pág. 15.

Para esconder el bolso, acuden a Jun Jun, o Rata, al que le dicen así porque duerme con las ratas, en la parte más sucia del vertedero, donde ni siquiera la policía se atreve a meterse por muy importante que sea lo que están buscando. Jun Jun hasta ese momento no era considerado amigo de nadie, se conocían sí, de hola y adiós, pero a diferencia de ellos, Jun Jun no tiene familiares. Ni papá, ni mamá, ni tíos, ni abuelos. Es el más delgado de todos, trabaja solo y la gente suele creer que está loquito. Pero es muy muy inteligente, chispa y calculador. La ayuda de la Escuela Misional (caridad cristiana que subsiste no para resolver ningún problema sino para hacer lo que se pueda que es mejor que nada y eso lo convierte en mucho) lo ha ayudado a sobrevivir, aunque no a leer, porque no asistía a las clases con ese propósito, sino para tener algo en la panza y sentir el cariño de alguien como la hermana Olivia y el sacerdote Julliard. 

Pues bien, sólo hasta que Rata acepta ser parte del secreto y luego negocian la tajada del dinero que le tocará por sus servicios, les revela qué cosa abre la llave y dónde está. Porque Rata ha vivido en otros lugares además del vertedero. De esa manera emprenden la búsqueda, la policía los tiene en la mira y ellos deben ser más astutos para resolver el misterio y terminar lo que José Angélico empezó. Al final nos dan una lección muy bonita a todos los lectores sobre lo que significa la amistad, el valor, la necesidad, el agradecimiento, la lealtad y la integridad humana. 

"Aprendí que el mundo gira alrededor del dinero. Existen los valores y las virtudes morales; existen la confianza y el amor, y todo ello es importante. El dinero, sin embargo, lo es más, y sigue goteando sin cesar, como un chorro de agua muy preciada. Algunos beben hasta saciarse; otros pasan sed." Olivia, pág. 139.

El libro cierra con un apéndice y luego una nota del autor
con manual explicativo de cómo decodificar un mensaje
o crearlo a base de las páginas de un libro cualquiera.
En esta novela, ese libro fue la Biblia.
En cuanto a la forma, es muy fácil de leer y se acaba en nada. El ritmo no decae nunca. El libro está divido en 5 partes, con capítulos cortitos contados en primera persona por Rafael, Gardo, Rata, la hermana Olivia y Federico Gonz, un último personaje que interviene muy brevemente para llenar huecos temporales de la historia y deja por sentado que el que ha recopilado los relatos es el Director de la Escuela Misional, Julliard.

Los personajes agradan mucho, en el caso de los niños provoca adoptarlos como si fueras la millonaria Angelina Jolie. Están curtidos de experiencia en las calles, son independientes, se valen por sí mismos, se aferran a que algo cambie su destino, luchan por ello; pero a la vez, no dejan de ser niños, siempre hay alguien más grande, con más dinero, con más poder, dispuesto a hacerles daño y convertirse en el monstruo de sus pesadillas.

El libro también tiene recortes de periódico que le dan contexto a la gravedad del asunto que la policía investiga, pero que también esconde. Eso nos permite identificarnos porque son similares a esas noticias que leemos y escuchamos en nuestros propios países: corrupción, desigualdad social, abuso policial, discriminación, violencia, injusticias.

En resumen, esta ha sido una lectura que he disfrutado muchísimo, porque pone el dedo en la llaga sobre lo enfermas que están nuestras sociedades. La amistad entre Rafael, Gardo y Jun Jun aporta calidez y enternece en medio del ambiente vomitivo en el que se desarrolla la historia. Personalmente me escandaliza el sistema penitenciario que se describe, con nula clasificación de la población encarcelada, una cínica violación de derechos humanos y el desamparo total de la legislación por la niñez. Asimismo, la coyuntura religiosa que abre la novela permite apoyar la idea que lo bueno y lo malo a la vista de Dios, es  claramente una guía sabia que nos acerca a la felicidad a la vez nos aleja del sufrimiento. Por ello rescato las palabras de Salomón en Eclesiastés 8, que aunque no se mencionan en el libro, durante toda la lectura estuvieron en mi mente: el hombre ha dominado al hombre para perjuicio suyo.

Demencia Temporal de Klenya Morales